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DRM: La limitación que vestía de derecho

“Cuando se juega al juego de tronos, solo caben dos opciones: ganar o morir”

La gran mayoría de los lectores reconocerán esta frase extraída de “Juego de tronos”, un libro que forma parte del Top ventas de Lektu, o lo que es lo mismo un ebook sin DRM.

Lo que los expertos del sector editorial defienen como “Gestión de derechos digitales” -Digital rights management- es en realidad una molestia y una contradicción.

Con la intención de apoyar a los creadores de contenidos digitales los editores han pasado por encima de la ley vulnerando el derecho de los lectores de hacer un uso libre de sus libros digitales y vulnerando además el derecho de efectuar obras derivadas.

El DRM permite a estos creadores de contenidos digitales controlar cómo y quién accede a sus productos, una herramienta no muy positiva para controlar la piratería.

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En realidad es una limitación que impide al lector realizar una acción tan sencilla como copiar el ebook recién descargado desde su eReader a su ordenador -es cierto que Amazon permite leer los ebooks en mi aplicación de Kindle para PC, pero sólo cuando el lector acceda al ebook desde su perfil de cliente-. Sobra decir que no es posible prestarle nuestro flamante ebook a un amigo ya que el distribuidor se vale del DRM para no legitimar el uso de ese archivo en otro dispositivo que no sea el nuestro y los archivos que descargamos gozan de un número limitado de descargas.

Una contradicción y un ataque al lector que acaba por repercutir en un descenso de las ventas de ebooks.

Según lo comentado en el II Congreso del Libro Electrónico, todavía hay quien no distingue un ebook de un archivo en PDF dentro del sector editorial -con el prejuicio que ello conlleva al lector-  Siendo así ¿Está correcto molestar más a los compradores de ebooks? ¿Es lógico evitar que se compartan lecturas entre aquellos que mantienen vivo el sector?

No, y además les obliga a ingeniárselas para poder compartir y “mover” sus ebooks. El DRM complicamos la lectura y con ello a los cientos de ebooks inéditos que se publican.

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Hace años Arantxa Mellado destacaba en Actualidad editorial una idea que queremos retomar para cerrar nuestro post. Se trata del planteamiento más que dudoso que han empleado hasta la saciedad editores y distribuidores para defender el uso del DRM: “Evitar que los compradores de los libros hagan copias y las compartan con otros lectores, porque les convertiría en piratas”.

Plataformas como Lektu demuestran que el DRM es un estorbo para el lector – que sí consume ebooks legalmente- y por tanto una piedra en el zapato de los escritores.

 

 

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