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El dardo en tu narración

El estilo narrativo de un escritor no sólo es dificil de definir sino imposible de construir, se trata de una característica inherente a la persona, a sus vivencias y conocimientos. Lo que para unos escritores es un defecto para otros es su seña de identidad. Al siempre genial Hemingway no le importaba que  sus obras pasaran por el ojo revisor de sus editores, quienes se quejaban de tan dura labor. El padre de “El viejo Santiago” tenía sus vicios u “olvidos” y por eso tiraba de correctores en los albores de su carrera.

La autopublicación y la edición independiente les complican la labor a los escritores que caen inconscientemente en algunos vicios.

Los errores más comunes entre los autores noveles y los no tan noveles porque “errare humanun est” son esos que aguardan agazapados  al lector más puntillista. Atento a los que, desde Entreescritores queremos destacar haciendo honor a la labor de Lázaro Carreter:

 

“El dardo en la narración de los escritores”

 

El peligro de los adverbios terminados en “ente”

Cuando se cae en la repetición constante y muchas veces involuntaria de estas expresiones la impresión que puede llevarse el lector es de pobreza expresiva. Deternese y pensar en sinónimos puede enriquecer los textos sin que peligre su sencillez.

 

Atracones de adjetivos que se indigestan

Hacer de una narración algo estético lleva por derroteros equivocados a los autores. Demasiados adjetivos hacen que el lector se agote en la lectura. Como escritor debes saber dónde está el centro de interés de una oración o párrafo. Si lo importante es el sustantivo no necesitas adornar con demasiados adjetivos que sólo resultan redundantes.

 

Diálogos que pecan de superfluos

Reproducir escenas y aportar tensión a los diálogos es una labor muy complicada. Muchas veces el lector es incapaz de notar la tensión que genera una disputa . Para evitar que un diálogo se convierta en una serie de líneas de relleno que no cuentan nada están los incisos. Sin abusar de este recurso el autor logrará dotar de vida a las conversaciones y facilitarle una imagen mental más acertada al lector.

 

Eufemismos de quita y pon

Salinger o Bukowski no tenían miedo de expresarse como cada ocasión lo requería. El escritor no debe temer el uso de tacos o palabras que a priori resultan malsonantes, pero ojo,no se tata de copiar las bases del realismo sucio, sino de buscar la naturalidad.

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